Octava parte: La tinta del destino
Los padres de Guillermina estaban anonadados. Su hija se presentaba sociable frente a la gente y se comunicaba más desde que salía a caminar todas las mañanas. Volvía feliz a su hogar, no sabían que le alegraba tanto la zona originaria del pueblo. El carácter de Boris también había mejorado, no se peleaba tanto con la gata ni con los perros de los vecinos. Algo bueno sucedía en sus vidas.
Esa mañana fue
diferente. En la casona de los Mazorelli había gente. De vez en cuando pasaban
los veranos en el lugar, pero nunca venían en diciembre. Se escondió para que
no la vieran entrar a la casa de Damien, corrían demasiados rumores sobre el
pobre hombre y ella no deseaba protagonizar otro. El plan salió mal, un
adolescente la vio. Se llamaba Guido y era hijo del bisnieto del viejo vecino
de Damien, el señor Mazorelli. Le pareció extraño que una joven entre a la casa
de un muerto, pero no le dijo a nadie.
Guillermina noto
que Damien se acercaba porque Berenice caminaba a su lado. La perrita lo seguía
a todos lados, cuando estaba con él
miraba hacia arriba y movía la cola. El jardín delantero y el parque
trasero continuaban húmedos por las lluvias de la noche anterior, así que
conversaron en el interior de la casa. Ella le conto al propietario invisible
que los Mazorelli llegaron, él ya lo sabía. Lo sorprendente era que se instalen
en diciembre. Damien le pregunto a la chica si había escrito algo con la pluma
que le regalo y si fue en el cuaderno dorado.
-Escribí algunos
cuentos breves, nada especial. ¿Por qué
me preguntas sobre eso?
-La tinta de la
pluma es la que uso en mi máquina de escribir. Tiene poderes para cambiar la
trama de la historia, es un invento de mi jefe. El cuaderno está forrado con un
papel muy especial. Todo lo que escribas allí puede hacerse realidad Mina.
-Siento
curiosidad por los extraños poderes de esos objetos y por tu jefe, podes
empezar por cualquiera de los dos temas.
-Empezare por mi
jefe. Es la fuente de toda esta locura.
-Me interesa,
cuénteme otra historia encantadora hoy Señor D.
-Conocí a Julio
cuando tenía veintidós años. Asistió a la segunda boda de mi padre. Mi nueva
madrastra era contadora de la constructora y antigua amante de Norberto, una
mujer interesada por su dinero. El hombre usaba un traje rojo, tenía ojos de
gato de color azul cielo y una presencia muy visible. Lo curioso de la
situación es que nadie lo había invitado y solo yo podía verlo.
Julio era mago,
buen anfitrión, escritor y un gran marionetista. Manejaba los hilos de la vida
de los seres humanos a la perfección pero estaba sobrecargado de trabajo y
buscaba ayudantes. Sabía que yo basaba mis historias ficticias en hechos reales
y se presentó en el evento para hablar conmigo. Me dijo que no debía contarle a
nadie la naturaleza de su oficio porque podrían encerrarme en un manicomio si
lo hacía. Me dijo lo siguiente: ”La gente no cree en la magia que maneja los
hilos de sus vidas, trabajar en mi empresa implica ser mudo como una tumba y
productivo como la mejor máquina, las personas necesitan una historia para
rellenar su existencia y tenemos que dársela. El salario de mis escritores es
alto y sé que desea comprar una propiedad particular, ¿recuerda la pluma que
encontró en la calle? Yo la deje allí
para que usted la tome”. Acepté el empleo, deseaba comprarle esta casona
a mi padre y la herencia del abuelo Damien no me alcanzaba.
Al día siguiente
dejaron un misterioso paquete en la puerta. Era una máquina de escribir, tinta
especial y cartas doradas. Por cada caso que me asigna me otorga una carta
nueva, esa es mi forma de contactar al protagonista de la historia. Los
mensajeros de Julio las dejan en el sitio indicado y cuando la persona la pone
en sus manos yo puedo empezar a trabajar. Observo cuales son los problemas que
deben ser resueltos y modifico la trama. Para describir mi desempeño puedo
utilizar la palabra “casualidad”, la gente piensa que mis modificaciones son
casualidades inexplicables de la vida. A veces recibo ayuda de las mascotas de
los protagonistas, la magia se pone de acuerdo y actúan juntos. Soy el
guionista de la magia, mis escritos son las líneas que ella pone en acción.
-Papá termino de
reparar el techo con el dinero que gano en la lotería y creyó que el azar
estuvo a su favor. Ahora lo entiendo todo, ganó porque vos lo escribiste.
-Ese caso no me
tocó a mí, Julio emplea a escritores de todo el mundo y en cada lugar hay alguno.
En esta provincia somos dos, una mujer llamada Victoria y yo. Victoria es muy
buena persona y ayuda a los necesitados, siempre le asignan casos de ese
estilo.
-Me gustaría
agradecerle en persona. ¿Ella también es invisible?
-No, el único
empleado invisible soy yo. Ella vive en la ciudad de Rosario.
-Fui una sola
vez a Rosario, es una ciudad hermosa. Mis padres se casaron allí y vivieron
diez años en un departamento del centro. Mamá era profesora de literatura y
papá era abogado de un empresario reconocido. Les iba bien económicamente pero
eran muy infelices. Ella pidió traslado a
otra escuela y él renuncio. Su jefe le dijo a todos los conocidos que tenía en
la provincia que Alejandro Becker era un delincuente y le había robado dinero.
Su carrera de abogado termino y consiguió trabajo en un taller metalúrgico en el pueblo. Vendieron el departamento y
compraron la casita en este pueblito alejado. Un año después nací yo.
-Las personas
piensan que el dinero mueve al mundo, que es el fin y el principio de todo. La
magia es más poderosa que un pedazo de papel, la diferencia es que se mantiene
en el anonimato porque son muy pocas las personas que creen en ella. La magia
puede crear el dinero que necesites y hacer realidad tus decisiones. Soy la
prueba viviente de su increíble poder.
-¿Cómo lograste
volverte invisible?
-Tenía treinta
años. Mi padre se había olvidado de mí, mamá estaba muerta, el amor de mi vida
era feliz en otra ciudad y el jardinero Pedro falleció. Pedro fue mi figura
paterna, me enseño a cocinar, a cuidar del jardín y a usar la afeitadora.
Jugábamos a las cartas y bañábamos al enorme Beethoven todos los sábados.
Norberto no fue a mi graduación porque “tenía trabajo atrasado”; Pedro fue mi
único acompañante porque mama estaba enferma y no podía levantarse de la cama.
Sentía que había
perdido todo y deseaba morirme. La vida me odiaba y estaba harto de sufrir.
Describí mi situación en un cuaderno personal y cometí el error de usar la
pluma de Julio. El hombre vino a casa y me dijo que no quería perder a su mejor
empleado, que él conocía un modo de desaparecer que no involucraba la muerte:
no me faltaría nada, mi casa estaría protegida del mundo exterior y seguiría trabajando.
Dijo que el tiempo y la soledad curarían mi tristeza, que mi fortaleza seria la
eternidad, que el mundo sufriría epidemias, guerras y catástrofes naturales
y yo conservaría mi juventud en paz.
Elegí creerle y al día siguiente mi reflejo en el espejo había desaparecido.
-¿Te habituase a
vivir de este modo y nunca más deseaste cambiar?
-Sí, asumí que
mi eterna y aburrida vida sería igual siempre. Trabajar es la manera perfecta
de olvidar. Debo admitir que me equivoque, una adolescente y su perro me alegra
los días. Ustedes son las esperanzas que perdí, llegaron en versión renovada ochenta
años después.
-Tardamos
bastante, pero vinimos para quedarnos. Nunca más estarás solo.
-Es agradable
sentirse querido, me siento humano de nuevo.
-¿Si invento una
forma de cambiar tu situación invisible te enojarías conmigo? Tengo la pluma y
el cuaderno dorado, si la magia hace efecto…
-No me enoja que
alguien quiera verme, me encantaría que eso sucediera de nuevo. Creo que sus
intenciones son buenas, pero mi situación es insalvable y no merece su preciado
tiempo.
-¿No lo merece?
Sos el único amigo humano que tengo, haría lo imposible por las personas que
quiero.
-Es una lástima
que los jóvenes del pueblo no valoren su hermoso corazón y digan tonterías
sobre usted. Es un privilegio conocerla, yo también la aprecio querida Mina.
-Es hora de
irme, pero mañana vuelvo. Estoy segura de que mi invento va a funcionar.
-Gracias por sus
intentos. Lleve rosas para su madre, florecieron varias esta mañana.
Guillermina
salió de la casona con un hermoso ramo de rosas en sus manos. Un adolescente
desconocido que estaba sentado debajo de un árbol la vio. El joven se acercó
hacia ella y le dijo su nombre. Le comento que la había visto entrar a la
casa antes y ella respondió:
-El heredero del
señor Azar vive en la ciudad, me contrato para que limpie la casa y cuide el
jardín.
-¿Es cierto lo
que se rumorea? Dicen que el propietario original murió en aquel caserón.
-Eso es falso.
El joven heredero me dijo que el Señor Azar falleció en un accidente de avión.
No pudieron enterrarlo porque nunca hallaron su cuerpo.
-Dicen muchas
tonterías en este pueblo, mi pregunta fue muy estúpida y pido disculpas.
-No pasa nada
Guido. He oído rumores peores, es parte de la personalidad de este pueblo decir
tonterías. Me llamo Guillermina, es un placer conocerte.
-Igualmente.
¿Cómo se llama tu perro? Es muy simpático.
-Se llama Boris.
¿Tus padres son los Mazorelli? Note que estabas sentado debajo del árbol de la entrada.
-Sí, vine a
pasar el verano con mi papá y mi madrastra.
- No sabía que
el heredero de Doña Mazorelli tenía hijos.
-No conozco a
nadie en este pueblo, es la primera vez que vacaciono aquí. ¿Te gustaría salir
algún día? Tengo una cuenta de
Instagram, ¿Cuál es la tuya?
-No uso esa red
social, pero puedo pasarte mi número de celular si traes un papel y un lápiz.
Guillermina le
dio su número al muchacho. Cuando llego a su casa y reviso el celular tenía dos
mensajes suyos. No podía creer que un individuo tan hermoso le hablara por Whatsapp.
¿El cuento de la pueblerina y el forastero se había hecho realidad? Las palabras de Damien tenían sentido, la magia de esa pluma podía salvar a su amigo.
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